martes, 6 de enero de 2015

El cartero



Hace ya algunos años, antes de que todo el mundo tuviera móvil e internet, la gente se mandaba cartas. Suena raro, porque ya no se hace, pero la gente lo hacía, y la llegada del cartero era muy importante.
En la clase de Luis les habían propuesto un juego, la profe le diría a cada niño la dirección de otro, y tendría que mandarle una carta. ¡A todos les hacía tanta ilusión! El mismo día, todos echaron las cartas al buzón. ¡Querían saber quien les había tocado!
Ese mismo mediodía Luis se quedó esperando la llegada del cartero.
Nada más verlo aparecer con su gorra azul y su bolsa cargada a un lado, le preguntó con mucha ilusión si habría alguna carta para él.
El cartero rebuscó, y le dijo que todavía no.
Luis se puso un poco triste. ¡Pero mañana seguro que la recibiría!
Al día siguiente volvió corriendo del colegio con mucha ilusión, y volvió a esperar al cartero. ¡Hoy si tenía su carta!
¡Luis no paraba de dar saltos de alegría! Le dio las gracias al cartero y entró en casa. Era de Fran, su compañero de clase. No estaba bien escrita o tenía el secreto de la vida, pero le hizo tanta ilusión que le pareció maravillosa.
Al día siguiente todos comentaron lo mucho que habían disfrutado con sus cartas. Hasta que Luis se dio cuenta de una cosa y lo dijo: "Si nosotros esperamos ilusión al cartero con ilusión, todos los días, buscando correo nuevo, ¿el cartero también lo hace?"
Un ejército de cabecitas pensantes de diez años se puso a elucubrar, llegaron a la conclusión de que no, de que eso debía ser triste.
Y el cartero les hizo tan feliz a todos, que querían compensárselo. Fueron a la maestra, y le pidieron la dirección del cartero. La profesora oyó detenidamente su plan, y con una sonrisa, buscó al cartero en el listín telefónico, ¡vivía dos calles por debajo de Luis!
Entre todos hicieron una carta. Y la metieron en un sobre.
Llegada la tarde, Luis cogió una gorra azul de su padre y un bolso grande de su madre, imitando al cartero. Metió la carta en el bolso. Y fue a la casa del cartero.
Llegó silbando a la dirección, y gritó: ¡Correo!
El cartero tardó unos quince segundos en asomarse, sonrió muchísimo al ver a Luis vestido a su imagen y semejanza, y le preguntó que estaba haciendo así.
"Repartir el correo de hoy, casualmente, tiene usted una carta".
El cartero estaba confuso, pero aceptó la carta de aquel niño que jugaba a ser como el, y la abrió allí mismo.
"Querido señor cartero.  Muchas gracias por traernos las cartas todos los días, a todos nos hace mucha ilusión verle llegar y creer que tenemos cartas nuevas. Pero nos preocupa que a usted no le pase igual, por eso le regalamos esta carta a usted, porque usted también se merece ilusionarse por el correo nuevo.
Atte: los niños de la escuela."
Al cartero se le escapó una lágrima, abrazó a Luis, y le dio las gracias muchas veces.
Nunca lo olvidéis, los carteros también se ilusionan al recibir cartas.

1 comentario:

  1. *O* ¡Qué bonito! Me encantan las cartas. Suelo escribir cartas a mi abuelo, a mi mejor amiga, a mis padres... ¡me gustan muchísimo! Incluso me escribo cartas a mí misma. Tu texto me ha hecho recordar los días de San Valentin, cuando los alumnos recibían cartas en las clases, siendo el 'cartero' otro alumno mas. Pero realmente no eran cartas, si no notas sin sentido, burlas o insultos (cosas de niños). Bah. Menos mal que no recibía ninguna 'carta' de ese estilo.

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