martes, 6 de enero de 2015

Relatos de la esquina

    Y cuando los camiones se alejaron lo suficiente como para aquel ruido no nos molestase, acudí a la función de aquel poeta de talla sombría, aquel vagabundo cuyas historias cada día me sorprendían. Aquel hombre tan impactante que siempre tenía algo que ofrecerme a cambio de unas monedas. Nunca pude juzgarle, lo conocí estando borracho tirado en medio de la acera, mientras la gente lo esquivaba y seguía caminando indiferente. Yo al principio, también le ignoré, pero me arrepentí en seguida y le ayude a incorporarse, le compré una botella de agua, no me fijé en sus harapos cuando le toqué, estaba preocupado por aquella persona que como dicen muchos no había tenido suerte. Mi futuro no parecía muy distante de eso y pensé que también me gustaría que me ayudaran. Pensé que aquella buena obra sería solo un recuerdo que tendría unos días y al poco iría al cajón del olvido, pero la casualidad hizo que aquel borracho fuera especial.
    Al día siguiente de lo ocurrido me saludó y me tendió la mano, no era un príncipe millonario que iba a ayudarme por mi generosidad, era algo mejor que ello. Era un trotamundos sin hogar, un bardo moderno para que nos entendamos, había recorrido muchos países oyendo historias y viviendo aventuras de esas que todos leemos y soñamos con tener alguna vez.Se ofreció amablemente a venderme sus servicios por una taza de té, y un lugar cómodo en el que pasar el rato para charlar. Me hizo gracia la situación y como me sobraba algo de dinero del almuerzo, le invité a un cortado. Me maravilló su entonación, la confianza de su voz, el sonido profundo que esta transmitía. Me narró una historia y el tiempo voló con ella. Me aficioné a oírle, me gustaba escuchar a ese hombre que de todo sabía y en quien podía confiar. Un día, me enamoré, como a todos nos pasa, caí en la telaraña de lo que te atrapa y no te deja escapar, le pedí ayuda y el se ofreció a enseñarme la historia más bonita del mundo, la historia que conquistaría a las mujeres.
    Y ya el mundo estaba en tensión, me iba a contar el secreto, las palabras mágicas que convertirían mi sueño de ella en realidad, y me habló de su amor platónico, de la que consideró su mujer ideal, me miró largo y tendido, clavó sus ojos en los míos, sin ningún gesto sin ninguna palabra, sin ningún movimiento. Pasaron los minutos y el me seguía mirando. El aire susurraba, las hojas se mecían, la gente caminaba. Y entonces lo comprendí. Y asentí con la cabeza. El sonrió y me deseó suerte.
    Aquella noche, quedé con la chica que me gustaba, dimos un largo paseo, fuimos al cine, y luego a la playa. Por último, cuando ya estábamos acompañados solamente por la luna, decidí que era momento de actuar.
    -¿Sabes? Conozco la historia más bonita del mundo.
    Ella giró la cabeza hacía mi y con una sonrisa pícara preguntó.
    -¿Y me la vas a contar?
    -Sólo si eres capaz de mirarme a los ojos.
    Nos miramos durante un instante eterno, y cuando ella masculló algo, acerqué mis labios a su oído y se lo dije: “¿La has visto, verdad? Has visto la luz que nace en mis ojos cuando pienso en ti, la luz de los enamorados, la historia más bonita del mundo, no tiene palabras, solo la puedes sentir, y estoy seguro de que has sentido la nuestra”.
    En segundos, sus labios se posaron en los míos.

Porque hay cosas que sentimos, y que no podemos decir, pero si que las podemos demostrar.

1 comentario:

  1. Llegué aquí porque me sentí necesitada. Busco tus historias como una niña sin su madre, gritando el nombre de su madre. A mí me pasa lo mismo. Me faltaba leer este microrrelato. Parece ser que he leído los tres anteriores. En cuanto a esta pequeña historia tan maravillosa, ¡ohhhhhhhhhhhh! Escucha mis suspiros. ¿Imaginas cómo he deseado conocer ese secreto? Y luego, llega el momento, y se lo cuenta a esa chica.......Y YO ME ROMPO EN MIL PEDACITOS, cada uno llevando algo de mí. No sé hacia donde fueron, pero ahora me siento algo vacía. Qué hermoso!!!!!! Es como el sueño que nunca he soñado, pero que vive en mis pensamientos. Siempre he anhelado eso, y creo que te lo llegué a decir. Enamorarse de una mirada. :)
    Ahora, imagina... imagina que nunca he estado aquí.
    No leas este comentario.
    No tienes que verme.
    No tienes que saber...
    una vez más, que
    adoro como
    escribes.

    ¿Vale?

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