martes, 6 de enero de 2015

Yo pongo el ron y tú los besos

Ya no me queda nada que sacie mi sed,
no hay bar que me aguante esta noche.
No hay farola que me de cobijo,
o parque que me de respiro.
No hay luna que me consuele,
ni estrellas que me amparen.
Cupido me ha abandonado,
vino a enseñarme que existías,
permitió que pasaras a mi lado,
para que yo me diera la vuelta.
Me enseñó tu sonrisa cuando miraste a un escaparate,
y luego dejó que todo se fuera.
No hay nada que acalle mi alma,
que ahora que te conozco,
necesita un pedazo de ti.
Mis labios creen que guardas el secreto de la vida,
que sin eso, no podrán seguir viviendo.
Mi mente se embriaga si entras en el ambiente,
y de repente pasa,
se abre la puerta de la taberna de siempre,
y allí estas, deslumbrante, imponente.
Pensando que nadie se fija en ti,
ignorando a los que te deseamos con la mirada.
Vienes y te pones a mi lado,
y me dices que hace una noche bonita.
Y yo me quedo mirando, "tú que sabras de cosas
bonitas, si llevas toda la vida viendote en el espejo.
Nosotros, los mortales,
valoramos la belleza
porque no te tenemos siempre."
Sonríes y me dices que es un buen halago,
que no esperabas encontrarte con un poeta de bar.
Que eso, a veces te enamora.
Y yo te digo, dejame invitarte a una copa,
que yo pongo el ron y tu los besos.

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